Día del Arquero Argentino

Ídolo, emblema y revolucionario: Amadeo, una gloria del arco

Carrizo escribió parte de la historia grande de River y del fútbol argentino. Un legado que permanecerá vivo para las próximas generaciones.

Ídolo, emblema y revolucionario: Amadeo, una gloria del arco
ALEJANDRO PAGNI AFP

Llegó a River con apenas 16 años desde Rufino, con un bolso y una carta de recomendación. Después de haber superado la prueba, fue admitido por Carlos Peucelle para iniciar lo que sería una vida entera con la Banda Roja.

Amadeo Raúl Carrizo se convirtió rápidamente en el nombre del arco. Los que lo vieron en acción aseguran que redefinió el puesto con un estilo más arriesgado y una técnica admirable. Años después, también encabezó otra revolución: fue el primero en la Argentina en utilizar guantes para atajar, una idea que había importado del arquero italiano Giovanni Viola.

Tarzán, como se lo apodaba por su destreza, también fue conocido por su porte físico y su buena presencia, lo que lo convirtió en su etapa como profesional en el principal atractivo de la platea femenina del Monumental. "Era una hinchada hermosa esa, unas mil chicas entre abuelas, madres y jovencitas. Iban a la Centenario media, sobre la izquierda. Gritaban y yo les tiraba un besito", le contó alguna vez a El Gráfico.

En esa faceta se sentía tan cómodo que hasta llegó a desfilar para el diseñador Ante Garmaz en la década del '60. Sin embargo, también fue un tipo familiero, compañero de su mujer Lilia con quien estuvo casado 68 años, de sus hijas y de sus nietos.

Supo desarrollar un carácter apacible en su madurez, pero Amadeo tuvo más de una bronca con dirigentes y no le gustaba perder ni mucho menos que lo gasten en la cancha. En el Superclásico de 1965, en La Bombonera, le cortó el pómulo de una trompada a su rival y ex compañero Norberto Menéndez y desató una batalla campal.

"Yo hacía cosas que parecían canchereadas pero eran recursos de una técnica futbolística que yo noté que ya la iba teniendo de chico. (...) Nunca hice nada para sobrar a nadie", explicaba sobre su manera de jugar. El mito dice, incluso, que una acción en la que controló una pelota con el pecho en la final de la Copa Libertadores 1966 envalentonó a los futbolistas de Peñarol que revirtieron un 2-0 contra River y se quedaron con el trofeo en Santiago de Chile.

Esa fue una de las grandes frustraciones de la carrera de Carrizo. La otra, en 1958, fue el llamado "Desastre de Suecia". Una Selección Argentina que llegaba al Mundial como candidata después de haber ganado el Campeonato Sudamericano de 1957 se fue en primera ronda goleada por Checoslovaquia y, naturalmente, el arquero fue uno de los principales apuntados.

El ídolo riverplatense renunció en aquel entonces a la Albiceleste como consecuencia de las amenazas y agresiones mediáticas recibidas y recién volvió en 1964, año en el que tuvo su revancha personal y pudo formar parte del equipo que ganó la Copa de las Naciones.

En Núñez, cuando su carrera ya entraba en el tramo final, no recibió el trato que esperaba: el presidente Julián William Kent le dio el pase libre y se terminó retirando en Millonarios de Bogotá. "Me dijeron que mi ciclo estaba terminado, que me iban a hacer un partido homenaje y que estaba la posibilidad de seguir en el club enseñándoles a los chicos. No pasó ninguna de las dos cosas", reveló.

Pese a ese doloroso final, Amadeo dejó una huella imborrable en el equipo de sus amores: seis títulos de Primera División y una Copa Aldao, además de ser el segundo jugador con más presencias en la historia (551) y haber conseguido el récord de valla invicta (769 minutos) en 1968, ya con 42 años.

De grande transitó el anillo del club como uno más, aconsejó a sus sucesores, recibió homenajes, fue nombrado Presidente Honorario por la dirigencia de Rodolfo D'Onofrio y se permitió disfrutar, ya como hincha, de la última etapa gloriosa bajo la conducción de Marcelo Gallardo.

Carrizo dejó un legado imborrable en River y en todo el fútbol argentino. Se lo recuerda como a un ganador, un desenfadado, un cabrón, un revolucionario. Cada 12 de junio, la fecha de su nacimiento, estará presente en las nuevas generaciones cuando pregunten por qué es el Día del Arquero.