RIVER - BOCA

River-Boca: los culpables del desastre en El Monumental

River-Boca: los culpables del desastre en El Monumental

STRINGER

REUTERS

Lo que apuntaba a ser una final histórica se convirtió en una de las jornadas más negras del fútbol mundial. Muchos son los culpables de lo sucedido.

La ciudad de Buenos Aires iba a albergar una final histórica. El Monumental estaba preparado, los hinchas comenzaban a llenar las gradas y los equipos ponían rumbo al estadio. Cuando faltaban un par de horas para el pitido final, comenzó el desastre. Un ataque al micro de Boca con piedras y gas pimienta fue el principio del fin. A partir de ahí, el desconcierto, la violencia y el caos. Muchos fueron los responsables de lo sucedido.

CONMEBOL

Tardó casi 24 horas en tomar la decisión correcta: aplazar sin fecha la vuelta de la final de la Libertadores. Además, la sensación es que no fue capaz de controlar la situación en ningún momento, o que incluso no eran conscientes de lo que estaba ocurriendo.

Aplazaron el partido el sábado 24 de noviembre hasta en dos ocasiones antes de darse cuenta de que era imposible su disputa. Alejandro Domínguez apretó a ambos clubes para jugar denotando poca empatía con los jugadores xeneizes, afectados física y psicológicamente por lo ocurrido. Cada decisión que se tomaba era más incomprensible que la anterior. Finalmente, gracias a la presión de los clubes, reinó la cordura.

Seguridad

En teoría, la final se adelantó para no coincidir con el G-20 y tener los efectivos necesarios para un evento así. Nada más lejos de la realidad, los errores de planificación fueron constantes. La policía se vio superada en todo momento por la barra brava y tuvo gran parte de culpa no preveyendo lo que podía suceder en la esquina de Quinteros con Libertador. Allí comenzó todo cuando el micro de Boca pasó demasiado cerca de la afición local de forma incomprensible.

Más tarde, tampoco se vieron capaces de frenar la avalancha de radicales que se colaron al estadio. Hasta 5.000 hinchas entraron en el Monumental sin entrada. Y por si fuera poco, otra multitud reventó autos y negocios en las inmediaciones, además de intentar robar entradas a los aficionados que salían de la cancha. Todo ante la descoordinación e inaptitud de los cuerpos de seguridad.

Infantino

Motivado por su homólogo en la CONMEBOL, Alejandro Domínguez, el presidente de la FIFA no dudo en insistir a los clubes de que la final se iba a disputar el sábado a pesar de todo lo que ocurrió en los alrededores del estadio y de las lesiones que sufrieron los jugadores de Boca. El máximo mandatario del fútbol mundial dejó una pobre imagen, sin preocuparse en ningún momento de los que debían ser los protagonistas del partido. 

A una figura de su estatus se le debe exigir un conocimiento y un control de la situación, y no fue así. Ante algo tan grave, se limitó a apretar a los clubes y a apoyar los intereses de la CONMEBOL.

Los "inadaptados"

D'Onofrio, Domínguez o Angelici hablan de los hinchas que provocaron el caos como "inadaptados". Ellos son la verdadera lacra del fútbol argentino. Violentos, descerebrados y cobardes que viven el fútbol y el deporte desde un punto de vista totalmente desfasado y con un sentimiento en el que predomina el odio por encima de todo. Lanzar objetos, romper autos y negocios o robar al resto de hinchas son algunas de los actos vandálicos y delictivos que cometieron. 

Lo que queda son los otros hinchas, los buenos. Los que denunciaron lo ocurrido a su salida del Monumental. Los que no se callaron para decir que Argentina estaba quedando en evidencia delante del resto del mundo. Los que no se merecían lo ocurrido.