QATAR 2022 | ARGENTINA

Argentina mundial: la fiesta de nuestras vidas

Todo el país celebró un triunfo histórico que se hizo esperar durante 36 años. Los jugadores tuvieron que ser evacuados en helicóptero de unas calles colapsadas.

TOMAS CUESTAAFP

La República Argentina vive sus horas más felices dentro de los últimos 35 años. La gente celebra en las calles la obtención de la Copa del Mundo y le rinde homenaje al plantel que le devolvió la alegría a un pueblo que siente y vive el fútbol como ningún otro. Las camisetas y las banderas albicelestes se ven por todas partes y la felicidad parece haber invadido el rostro de quienes soñaron toda la vida con vivir algo así.

Cerca de las tres de la mañana del martes se abrió la puerta del avión de Aerolíneas Argentinas que trajo al equipo desde Doha, Qatar, y lo que parecía una utopía se hizo realidad. Lionel Messi, vestido por completo con el conjunto de la Selección, levantó el brazo derecho y le mostró el trofeo a un pueblo que decidió acostarse tarde para no perderse el momento que quedará grabado a fuego en la memoria colectiva.

Raúl MartínezEFE

Los hinchas se juntaron desde temprano cerca de la Autopista Riccheri, a pocas cuadras del predio de la Asociación del Fútbol Argentino y del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, con el objetivo de ver pasar de cerca a sus héroes. Rondas de mate, algún que otro asado improvisado, banderas, carteles, una Copa inflable gigante, entre otras cosas, sirvieron para soportar los rayos del sol y apaciguar la espera. Cuando la alegría es genuina y compartida, el resto poco importa.

Tal como ocurre en el campo de juego, Rodrigo De Paul y Leandro Paredes custodiaron a Leo Messi en el ómnibus descapotable. Uno a la derecha, el otro a la izquierda. En los extremos, Nicolás Otamendi y Ángel Di María, el autor de los goles inolvidables en las finales. Más en el centro del colectivo, “Dibu” Martínez, Enzo Fernández, Paulo Dybala, entre otros jugadores que quedaron cara a cara con la multitud que peregrinaba a su lado. Los celulares, de los protagonistas y también de los fanáticos, ya guardan imágenes que cobrarán más valor con el correr del paso del tiempo.

Rodrigo ValleGetty

El descanso fue corto y el histórico 20 de diciembre comenzó con una foto de la Pulga tomando mate en la cama con la Copa Mundial de la FIFA a su lado. Lo que imaginó en su Rosario natal se hizo realidad en el lugar donde también supo formarse como persona y como profesional.

Mientras tanto, cuando todavía no se sabía el recorrido que haría el bus del plantel, la gente seguía llegando al Obelisco (algunos permanecieron allí desde el domingo, otros acamparon desde el lunes). Todos y todas con una única intención: agradecerles a los jugadores.

“Es nuestra forma de devolverles lo que hicieron por nosotros dentro de la cancha, aunque nunca podamos estar a la altura”, dice Noelia mientras contiene las lágrimas y refleja una sensación generalizada: lo que se vive es como la de la previa a un partido de esos que pueden reescribir la historia.

TOMAS CUESTAAFP

Finalmente, a las 11:25, la delegación nacional parte rumbo al monumento histórico donde esperan más de un millón y medio de personas. Lo que iba a suceder en las próximas horas no se había visto nunca antes en la Argentina, y eso que nuestra gente sabe de salir a la calle -ya sea para celebrar o para resistir-.

Arriba del micro, bajo 31°C y el fuerte sol del mediodía, los jugadores. Pilusos, sombrillas, la Copa del Mundo y bebidas en botellas cortadas para oficiar de vasos. La argentinidad al palo. El recorrido es lento para poder disfrutar y disfrutarse entre todos -y porque la marea de gente así lo obliga-. Como obliga también a cambiar el recorrido de la delegación, que no puede llegar al Obelisco porque la gente inundó las autopistas, tapó los accesos y forzó el retorno de los jugadores en helicópteros a la concentración.

Pero la fiesta no para. Cada metro recorrido es como una salida constante del equipo al campo de juego. Aplausos, fuegos artificiales, banderas y lágrimas. La imagen se repite en loop. En los poco más de 20 kilómetros que logra recorrer el micro (en 4 horas y media), los integrantes de la Scaloneta no pueden contener la sonrisa. De Paul, Otamendi, Di María, el propio Scaloni y Lionel Messi, que se sumará unos días más tarde a PSG, son espectadores de lujo del show más increíble de todos los tiempos. Celular en mano, son ellos los que graban al público y agradecen por las horas de vigilia y el amor.

EMILIANO LASALVIAAFP

Seis millones de personas, quizá más, se desparraman en las calles de la provincia y el centro porteño. El cálculo final de todos los que acompañaron, más cerca o más lejos, al plantel es imposible de conmensurar. Como lo es el amor que tiene el pueblo por esta Selección que le devolvió la alegría. Gracias eternas.

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