La vacuna de la pasión

Necesitábamos volver a una cancha, ver fútbol en vivo y en directo, dejar la televisión apagada y cambiar la comodidad del sillón por el asiento duro de la platea o el cemento de la popular.

Necesitábamos gritar un gol, cantar el himno ahí, todos juntos, y desahogarnos para volver a sentir eso que la maldita pandemia nos robó durante varios largos meses.

Necesitábamos recibir al plantel, darle las gracias por semejante alegría al país en tiempos jodidos y también disfrutar de esa cosa plateada que brilla y ahora tiene una chapa que indica que nosotros, por fin, somos los campeones.

Necesitábamos ver a Messi, hacerlo llorar de emoción y dejarle en claro que no solo nos representa su talento formado en un potrero de Rosario, sino también su compromiso para nunca dejar de ponerse nuestra camiseta.

Ni idea cómo lo vivirán en otro lado, ni tampoco cómo hacen los que solo creen que esto se trata de 22 tipos corriendo atrás de una pelota. Nosotros, que respiramos fútbol, este jueves recibimos una vacuna para alimentar aún más esta inoxidable pasión.

De todos modos, no olvidemos que hay millones que quedaron lejos del Monumental, a la espera de tener su día y reencontrarse con sus pares de tribuna. Por eso, por favor, abran las canchas. Es un pedido de corazón.