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Muere Maradona

La Paternal, un barrio que llora a su hijo pródigo

Hinchas de Argentinos Juniors y vecinos de la zona se concentraron en torno al Estadio Diego Armando Maradona para despedir al máximo ídolo.

La Paternal, un barrio que llora a su hijo pródigo
DIARIO AS

El clima está húmedo y espeso. El barrio está en pausa, como toda la Ciudad de Buenos Aires y el resto del país ante la noticia menos esperada. Llegando a Camarones, una cinta y un par de policías desvían el tránsito y aseguran que el último tramo por Boyacá se pueda hacer únicamente a pie, aunque se cuelan algunas motos y bicicletas.

En la esquina de San Blas comienza el ritual pagano: hay móviles y cámaras de televisión, fotógrafos, músicas encontradas y muchas cervezas. También cantitos, la mayoría de ellos ligados al origen del ídolo que creció en esas calles y que recibió como homenaje en vida un estadio que lleva su nombre.

Sobre uno de los paredones externos de la cancha de Argentinos Juniors se impone una pintada del rostro del Dios que hasta hoy parecía inmortal. Junto a él, un altar con flores, velas, ofrendas y carteles de agradecimiento. Se destaca una hoja de cuaderno arrancada, escrita con marcador negro, que declama: "Diego, te amamos. ¿Y ahora qué hacemos sin vos?".

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Las lágrimas de los más conmovidos caen sobre los barbijos, como muestra cabal de un año que se llevó casi todo.

"Maradona no se vende, Maradona no se va, Maradona es del barrio, del barrio La Paternal", suena una y otra vez. Los que vivieron toda su historia recuerdan la melodía de la época dorada del club y se vuelven a emocionar. Mientras tanto, los bombos llegan a contramano por la avenida.

Las camisetas del Bicho y de la Selección Argentina dominan la escena, pero conviven con las de Boca, River, Independiente, Racing, San Lorenzo y Newell's, entre otras. Los vecinos no tan adeptos al fútbol se acercan a curiosear, con la certeza de que están viviendo la historia.

Un grupo decide que ya es un buen momento para cantar "El que no salta es un inglés". Todos los presentes saltan, porque no hay ingleses en esa cuadra y porque no hubo acto más rebelde y heroico en la vida del Diez que haberse tomado, en nombre de un país, aquella revancha tan trivial y a la vez tan necesaria de lo que había sido una guerra absurda.

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Los congregados extienden su repertorio y vuelven a sacar pecho de que la leyenda vivió durante sus primeros años como futbolista en Lascano al 2257. Allí, a menos de 500 metros del estadio, también hay gente que deja sus recuerdos y le saca fotos a la casa que hoy es museo y a la placa colocada por la Legislatura porteña.

Para que un barrio sea Paternal necesita un hijo a quien cobijar. Maradona fue el elegido y en el día de su despedida volvió a quedar claro que su esencia se seguirá respirando en cada calle, en cada esquina, en cada pared, en cada baldosa.

Antes de que caiga la noche, un padre que lleva a su hija en el asiento trasero de la bicicleta se despide de sus correligionarios y responde a la pregunta del cartel. ¿Y ahora qué hacemos sin vos, Diego? "Estamos un poco más solos, pero nos acompañamos".

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