BOCA-RIVER

La batalla táctica del Boca-River

La batalla táctica del Boca-River

El análisis de las claves que pueden decidir la Libertadores. La estrategia de Boca, la presión agobiante y las contras de River...

La naturaleza sentimental que comporta un Boca-River convierte sus enfrentamientos en algo diferente, difíciles de descifrar y predecir de antemano. Pese a este contexto tan singular, la carga emocional que soportan no minimiza las trascendencia de los detalles tácticos. Los dos partidos disputados entre ambos esta temporada, saldados con sendos triunfos del equipo millonario, ya incidieron en este aspecto y elevaron al Muñeco Gallardo como triunfador. Se espera la réplica de Guillermo Barros Schelotto. Son varios los elementos futbolísticos que pueden jugar un papel fundamental en la final de la Libertadores.

La presión de River

Pocos equipos del continente sudamericano manejan este arte como lo hace River. Gallardo ha logrado que funcione como un bloque, sin apenas fisuras de inicio a fin y con independencia del sistema que utilice (4-3-3, 4-4-2, el 4-2-3-1 de la victoria en el Superclásico en septiembre...). El posicionamiento tan alto de River ya ha descolocado a los de Schelotto y ha sacado a la luz las debilidades de Boca con la posesión. Gallardo propone vigilancias individuales, particularmente en el pasillo central, aunque no olvida los carriles exteriores. Jugador con jugador y líneas de pase cerradas. La titularidad de Santos Borré se explica, en parte, desde su actividad incansable para agobiar la salida rival. En el último Superclásico, una recuperación en la medular entre Montiel y Palacios generó el primer gol del Pity Martínez. Pavón bajó a recibir por dentro ante la falta de claridad xeneize y el lateral derecho estuvo más hábil en la disputa. Palacios recogió el rechace y puso la directa hacia la portería de Rossi.

Gallardo siempre ha fijado una atención especial sobre Barrios, el primer conductor de juego de Boca. En la Supercopa fue el Pity Martínez el encargado de marcar al colombiano. Esta tarea recayó en Palacios durante el partido liguero. Las dos apuestas resultaron exitosas para el conjunto millonario. Esta tenacidad y correcta aplicación de la presión alta de River ha encerrado a Boca.

La duda de la posesión

Bajo esta línea, será interesante comprobar la postura con balón de ambos equipos. Es evidente la precariedad que sufren en los ataques posicionales por su limitado ritmo en la circulación. Sólo alguna individualidad o asociación circunstancial a pocos toques suponen un cambio de escenario. No es casualidad que en sus últimos cinco enfrentamientos haya ganado el que menos posesión ha tenido (tres veces River y dos Boca). River salió vencedor en el duelo de septiembre protagonizando 21 jugadas de ataque (87 por 108 del equipo xeneize) y nueve remates menos (5 por 14). Parece que le tocará a Boca asumir la iniciativa en la Bombonera y habrá que ver el grado de riesgo en su toma de decisiones. El eje de la medular, formado por Barrios, Nández y Pablo Pérez en el 4-3-3 de Schelotto (4-1-4-1 en fase defensiva), deberá liderar la construcción y conectar con Villar y Pavón en las bandas. Si eso no sucede, River se sentirá cómodo como ocurrió hace dos meses. Borró a Barrios y Nández estuvo negado (64% de precisión en sus acciones).

Golpear a la contra

El fútbol de transición de River es una de sus señas de identidad. Ha marcado 18 goles a la contra esta temporada. Al margen de las alineaciones que disponga Gallardo, es un equipo preparado para alargarse rápido tras robo, aunque la baja de Ponzio en la ida puede repercutir en el sistema recuperador. El entendimiento del espacio de Scocco, la movilidad de Quintero, Borré o el Pity y el recorrido de Palacios sellan su peligrosidad. En algunos partidos, Boca ha quedado expuesto ante rivales con esta idea. Le hacen 20 situaciones de contraataques de media. Requerirá del factor corrector de Pablo Pérez, el máximo recuperador de la Libertadores, para resguardarse.

Amplitud necesaria

Las previsibles apreturas que encontrarán para extenderse por zonas interiores les obligará a proyectase por los costados. El equipo millonario cuenta con la aportación de los laterales Montiel y Milton Casco, decisivos en el desarrollo ofensivo. Por delante, a excepción de cuando juega el Pity Martínez en la izquierda, no tienen extremos claros. Si se incorporan a campo contrario, Boca puede explotar los movimientos a su espalda. Pavón ya apuró a Montiel en la Supercopa y Villa atraviesa un momento positivo. El primer gol al Palmeiras en la vuelta llegó de un robo suyo en la medular. Jara alcanzó el balón y Villa atacó el hueco libre por detrás del lateral brasileño (ver imagen inferior). Su centro posterior fue convertido por Ábila.

La pelota parada

La Libertadores ha reforzado la importancia de la estrategia. Tanto River como Boca se han visto condicionados por este tipo de acciones. Los de Gallardo no han podido atajar un defecto que le ha perseguido desde el inicio. Ha recibido el 73% de sus goles en contra de esta forma. Cinco de ellos han sido de córner. Defiende con una estructura mixta, con cinco hombres en individual, dos en el primer palo y otro libre para buscar el despeje. Los dos restantes van a por el rechace. Gremio casi impidió su presencia en la final con dos goles de saque de esquina. El último ganador de la Libertadores forzó estas situaciones y dispuso de 31 envíos parados entre los dos partidos de semifinales.

Boca, por su parte, ha acentuado su potencial ofensivo en este registro durante todo el curso. 15 de sus goles, el 47% del total, procedieron del balón parado. Junta cinco o seis jugadores al remate y presume de buenos finalizadores como Benedetto, Magallán o Izquierdoz.