ESPECIAL 80º ANIVERSARIO LA BOMBONERA

Palermo y el gol más gritado en La Bombonera

Palermo es el máximo goleador de la historia de Boca y uno de los máximos ídolos del club. Ayer se cumplieron 20 años desde que el templo explotó gracias a él.

Palermo y el gol más gritado en La Bombonera

Alguno recordará los cuatro tantos a Deportivo Cali para ganar la segunda Copa Libertadores de la historia, otro se quedará con algún festejo de Diego Armando Maradona en el Metropolitano de 1981, estará también el que priorice el de Claudio Benetti para romper la sequía de 11 años sin campeonatos locales y por supuesto que alzarán la voz los que escojan el de Carlitos Tevez para arrebatarle la Superliga a River en la última fecha.

Sin embargo, con el perdón de los que no coincidan, me animo a decir que hubo un gol que se gritó más fuerte que todos y no fue ninguno de los que nombré anteriormente.

La noche del 24 de mayo de 2000, La Bombonera latió como nunca en su vida. El barrio más pintoresco de la República Argentina fue testigo de una fiesta jamás vista, en donde la gente se encontró con la gloria antes de la gloria. Boca humilló a River y lo sacó de la Libertadores. “De Boca no me preocupa nada. Es más, si ellos ponen a Palermo, yo lo pongo al Enzo”, dijo Américo Rubén Gallego, con un tono 'sobrador', en la semana previa al encuentro correspondiente a la revancha de los cuartos de final. El 'Tolo' había pisado el palito pero todavía no lo sabía. La venganza del Titán sería terrible e inolvidable.

Faltaban poco más de 20 minutos cuando Carlos Bianchi miró para el costado y lo llamó. Él se quitó la campera y corrió con la emoción típica de un hombre que no jugaba hace casi 6 meses por una rotura de ligamentos. Boca ganaba 1-0 y la serie se iba a los penales, pero la historia se torció desde que Palermo pisó el campo de juego.

A falta de ocho minutos para el cierre del partido, Juan Román Riquelme cambió penal por gol y decretó el 2-0 parcial que clasificaba a Boca a las semifinales. Aunque en ese entonces el delirio era total, lo mejor estaba por venir.

Con la 9 en su espalda, los rulos que tocaban el cuello y una serie de movimientos algo toscos, Palermo protagonizó el momento más emocionante en la historia de la cancha ubicada en Brandsen 805. Apenas recibió la asistencia de Sebastián Battaglia, a falta de 10 segundos para la finalización del Superclásico, Martín ya sabía lo que iba a hacer: controlar, girar una o dos veces, perfilarse y definir al palo derecho del arquero. Parece fácil y rápido, aunque fue difícil y lento.

Lo gritaron los abuelos que soñaban con volver a levantar la Libertadores. Lo gritaron los padres que querían vivir en carne propia lo que era ser campeón de América. Lo gritaron los jóvenes adolescentes que estaban cansados de tanto esperar para conquistar el continente. Lo gritaron los niños que, sin entender mucho, sabían que debían llenarse la boca de gol. Y también lo gritaron los que estaban alentando desde la bandeja más alta.

Ese gol de Martín marcó un antes y un después. No hay hincha de Boca que desconozca lo que pasó esa noche en el arco que da al Riachuelo. Los más grandes dictan la lección y los más chicos la aprenden para mantener viva la llama de esa jugada. Porque la Bombonera podrá cumplir 80, 100 o 500 años pero nadie volverá a hacerla estallar como lo hizo Palermo esa noche.