El día que nos robaron la ilusión

Pasaron cinco años y el dolor de los primeros meses se transformó en un recuerdo gris. Cada uno de los nuestros lo debe tomar de manera diferente, pero la tristeza es el común denominador cada vez que se acerca o llega el 14 de mayo.

Esa noche fuimos a la Bombonera con la ilusión intacta de que Boca, nuestro Boca vencedor, pueda dar vuelta la serie ante River. Estábamos solo un gol abajo y, si bien habíamos jugado un flojo primer tiempo, la remontada era posible. Porque el fútbol no entiende de lógica y porque los dos clásicos anteriores a ese se habían definido en los últimos minutos: el 2-0 con goles de Cristian Pavón y Pablo Pérez, por el torneo local, y el de la ida de octavos de final en donde Carlos Sánchez marcó de penal en el Monumental.

Nos privaron de disfrutar lo más sagrado que tenemos. Nos dejaron sin nada, vacíos y con la esperanza por el piso. Nos hicieron soportar mil cargadas que van más allá de un resultado deportivo, nos sacaron las ganas y, sobre todo, nos hicieron poner la cara ante quienes le pegaban a nuestro equipo hasta por las dudas. Nosotros, los genuinios, no tuvimos nada que ver. Nos hubiéramos bancado la euforia de una hipotética clasificación, pero mucho más la bronca de una dolorosa eliminación en casa ante el rival de toda la vida.

Que fue uno solo, que fueron dos o incluso más de tres. Sinceramente, no lo sé. Es más, creo que nadie lo sabe. El principal acusado fue un tal "Panadero" Napolitano, pero andá a saber cuántos orquestaron esa nefasta broma que derivó en la descalificación de Boca de aquella Copa Libertadores de América.

Tampoco puedo, ni quiero, olvidarme de los que organizan esto. De los que se ponen un traje y manejan los calendarios, los árbitros, las sedes y toman las decisiones. Los partidos deben definirse dentro de una cancha, porque esa es la esencia del deporte más popular del mundo. Pero si creen que algún resultado, como aquel del Boca-River 2015, puede dirimirse en un escritorio les pido, y les pedimos, coherencia. No queda muy prolijo que en tres años se tomen resoluciones diferentes ante casos similares.