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Frente en alto y pecho inflado

Frente en alto y pecho inflado

Prensa River Plate

El River de Gallardo se fue ovacionado después de la eliminación en la Copa Superliga. La identidad, el carácter y la ilusión para lo que viene.

Termina la función y el público aplaude de pie. Algunos con fuerza, para que se escuche más. Otros hacen palmas cortitas, para que parezca que el reconocimiento se multiplica. River acaba de quedar eliminado contra Atlético Tucumán, pero la sensación en el Monumental es de satisfacción y tranquilidad.

Si bien al Millonario la Copa Superliga podía darle la clasificación directa a la fase de grupos de la próxima Libertadores, sin necesidad de pasar por el Repechaje, el hecho de que no fuera un objetivo prioritario en este semestre también atenúa la bronca de haber quedado tan pronto en el camino.

Y aunque muchas veces a lo largo de la historia el paladar riverplatense no admitió traspiés de este tipo, el cómo también es importante y la imagen de esta caída está muy alejada de las miradas al piso y de los reproches.

"Después de ver a mi equipo desplegarse como lo hizo esta noche, no me queda más que sentirme orgulloso de los jugadores". Las palabras de Marcelo Gallardo, simples y claras, podrían ser las de cualquier hincha para explicar un sentimiento que sólo producen los grandes planteles. Aún en la derrota, el campeón de América volvió a demostrar que es, casi siempre, el que mejor juega en el continente.

Con un arquero indiscutido, centrales que pisan cada vez más firme, laterales que llegan al área contraria "a la europea", un mediocampo con un perfecto equilibro entre sacrificio y buen pie, y dos delanteros con diferentes estilos que se complementan como si jugaran juntos desde siempre, se percibe que cuando River está en un buen día es casi invencible.

La presión asfixiante, la superpoblación de jugadores propios en territorio rival, la circulación rápida y precisa, el esfuerzo como bandera cuando no hay lugar para el fútbol virtuoso y vistoso. Todas cualidades de un equipo con una identidad bien definida. De un equipo de época.

También es cierto que recibir cuatro goles en una serie es una señal de fragilidad defensiva, pero las conclusiones de la pequeña muestra que significó este cruce con el Decano son positivas. La ilusión está intacta para los desafíos internacionales que se avecinan, porque los del Muñeco dependen sólo de sí mismos.

Lo que se viene son dos paradas complicadas, con visitas a Brasil incluidas. Primero la Recopa Sudamericana contra Athletico Paranaense y luego los octavos de final de la Libertadores contra Cruzeiro. Al menos a la primera, River llega como quiere: con la sangre en el ojo y con la certeza de que, jugando así, no tiene rivales. Como dijo el entrenador, "hay motivos para seguir ilusionados".