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DEPORTIVO ESPAÑOL

Diego Elías: “Hay que querer al club por sobre todas las cosas”

Diego Elías: “Hay que querer al club por sobre todas las cosas”

BRIAN WERBER

DIARIO AS

El presidente del Deportivo Español habló con Diario AS luego de la explosión en el estadio que les costó la vida a dos personas. La crisis económica, la lucha por mantener los terrenos y el sueño de volver a ser el club modelo de la comunidad española en Argentina.

-¿Cómo se vive el día a día después de un hecho trágico como el que ocurrió?

-Es duro porque el club en los últimos tiempos ya viene afectado de una serie de hechos desgraciados, tocando el epicentro en lo que ocurrió en noviembre de 2017, que fue el suicidio de quien era el anterior presidente (NdeR: Daniel Calzón, se tiró debajo de un tren a los 53 años). Y cuando nos comenzábamos a acomodar, ocurre esto lo cual yo catalogo como la peor tragedia del club. Es gente que estaba trabajando para poner las cosas en orden, para ajustarse a derecho con lo que había pedido el Gobierno de la Ciudad. Y bueno, fue una desgracia total, una explosión que dejó tres heridos gravísimos. Ya lamentamos dos fallecimientos y, a Dios gracias, el tercer herido está peleándola, pero muy grave. Así son los clubes de Ascenso: todo a pulmón. A veces uno está haciendo cosas poniéndole el lomo, el hombro, para sacarlo adelante. Y aparece la fatalidad, los hechos desgraciados, que a veces se confabulan de esta manera. Lo que nos queda es, en homenaje a ellos, ponernos de pie de la manera que sea e intentar sacar esto adelante en el menor plazo posible. Lamentablemente la vida institucional y deportiva del club continúa y hay que tratar de acomodarse lo más rápido que se pueda.

-¿Cómo te golpeó en lo particular el suicidio de Calzón?

-Yo en el momento de esa tragedia era el secretario y un poco la mano derecha de él en el día a día. Fue totalmente inesperado. Quizás quien convivía con él en el día a día podía llegar a hilvanar alguna depresión, pero muy mínima como para cometer un hecho como ese. Nos tomó de sorpresa, fue algo muy brusco, una decisión de 5 minutos de locura que puede tener cualquier persona. El club quedó un poco huérfano, quedó a la deriva, por todo lo que conlleva que la cabeza de un club pierda la vida de una manera trágica. Quedó todo acéfalo. Por eso fue que nos comenzamos a reconstruir, a trabajar en armar nuevas subcomisiones, en poner la casa en orden económicamente y en muchos factores.

-En 2007, cuando Español recuperó su estadio y parte del predio, se le quitaron más de la mitad de los terrenos para hacer una escuela de policía. Hoy para renovar el comodato quieren sacarles todavía más tierras. ¿Cómo viven esa realidad?

-No estamos de acuerdo. Creemos que el club está situado en un lugar demográfico complicado, donde se les da una gran contención a los chicos. A veces toman su única taza de leche o se dan su único baño en el día acá en el club. Excede lo deportivo. Por eso mismo es importantísima la labor que hace el club y por eso mismo también uno persiste tanto en la lucha. Donde hay dos horas en las que un chico está practicando deporte dentro de esta institución, son dos horas menos que está en la calle, que está a la merced de la droga, de la delincuencia o de las malas compañías. Pero a veces no se entiende de esa manera y se pretende ampliar la escuela de la policía y se le saca espacio al club. El club no está en contra de la construcción de una escuela de policía, sino de que le sigan quitando terreno sobre el que ya fue desprendido. Estamos hablando de casi 9 hectáreas.

-¿Por qué creés que el Estado siempre se fijó en los terrenos de Español?

-Por la construcción que tenía encima y porque servía la estructura para el montaje de una escuela de cadetes. También por la ubicación: este predio está a 10 minutos del Obelisco, es un predio de fácil accesibilidad. Entonces creo que es muy seductor. Han querido por ahí aprovechar eso y no viene de ahora. Históricamente siempre han querido ahondar sobre estos terrenos y lo han conseguido. Español fue el único club, de todos los que han pasado por un proceso de quiebra, que perdió tierras. No le pasó a Comunicaciones, no le pasó a Ferro, no les pasó a otros clubes. Español pagó su deuda de una manera triplicada o cuadruplicada por la cantidad de tierra que le han sacado. La deuda no equivale a la cantidad de hectáreas que perdió: fue un vaciamiento por parte de los organismos del Estado hacia el club y quieren continuar, por eso la resistencia de la gente.

-Alguna vez dijiste que tu primer objetivo era “ganar el campeonato económico” por sobre el deportivo. ¿Es difícil explicarles eso a los hinchas?

-Yo como presidente tengo que acomodar los números, porque los números son los cimientos fundamentales para cualquier proyecto, para cualquier obra de reconstrucción del club. No se puede hacer nada con cinco pedidos de quiebra, con deudas por todos lados y hay que empezar por ahí. Alguien tiene que tomar esa medida que por ahí no es populista, que es antipática y que suena fea al hincha, pero alguien lo tiene que hacer. Yo por lo menos quiero dormir tranquilo que apunté a eso y que acomodé eso. No quiere decir que a mí no me guste ascender o ser animador del campeonato, pero tengo que trazar prioridades. Esto es como en una familia o en una empresa.

-¿Por qué el club llegó a una situación tan crítica?

-Yo creo que hubo administraciones que no han hecho las cosas bien. Creo que esas administraciones con el transcurrir de los años sirvieron, si bien no hubo una gran escuela dirigencial. Y ha habido hechos que han marcado a la larga lo que no hay que hacer. Por eso cuando uno hoy prioriza el campeonato económico al deportivo, de alguna manera maduramos y tomamos un poquito lo que nos pasó. Esto es como un gran fumador al que le cortaron un brazo: cada vez que vea que no lo tiene, no va a agarrar el cigarrillo. Y acá cada vez que pasan cosas, vamos a intentar tomar un poco de aprendizaje de lo que nos llevó a esta situación.

-¿Quién fue Francisco Ríos Seoane en la historia de este club?

Fue el padre del Deportivo Español. Y siempre habrá alguien que por ahí no coincide. Ha sido un personaje, como todo aquel que genera una revolución, que ha generado polémica. Pero quienes tienen esa capacidad y ese liderazgo de revolucionar un club como lo era éste hasta el año ’78, por ahí luego pueden ser tildados de otra cosa. Pero es el padre, es quien lo catapultó a la élite, quien lo hizo competir mano a mano con los grandes clubes, quien construyó este estadio y luego lo volvió a ampliar con la iluminación, llevándolo de 15 mil a 35 mil personas. Hizo un gimnasio techado de hockey que fue el primero de Capital Federal, un quincho para 1500 personas, otro gimnasio más, tres piletas olímpicas. Después, como todos, puede haber cometido errores. ¿Quién no los comete en un mandato tan largo? Es muy probable, pero yo no puedo fijarme solamente en esos puntos sino en todo lo que nos ha dejado, la obra magnífica que ha creado. Al día de hoy eso está hasta en el recuerdo de un taxista cuando te ve con algo del club: que vino a comer, pasó por la colonia de vacaciones, paseó con sus hijos o recuerda las campañas deportivas. Yo creo que un poco se ha sido ingrato con él. Repito: errores pudo haber cometido también, pero sin duda así como José de San Martín lo es para la Argentina, Ríos Seoane es un padre para el club.

-¿Por qué siempre se hablaron tantas cosas negativas de él?

-Es complicado el tema de las críticas, pero yo tomo también la parte buena. Donde a vos te ven con una campera o con un distintivo del club, te hablan de Ríos Seoane, entonces él ha marcado una época en este club. ¿Que ha sido polémico? Sin dudas. ¿Que ha tenido una personalidad confrontativa? Es cierto. Pero vos hoy ves videos en YouTube de lo que hablaba en el año ’92, ’93 o ’94 y no estaba tan alejado de lo que luego podía pasar. En muchos temas fue un precursor o un visionario. Ya comenzaba a ver algún problema económico, lo empezaba a percibir a principios de los ’90, y luego se desarrolló en los años ’97 y ’98. Es un tema que a uno no le gusta que le hablen mal o lo recuerden mal porque ha hecho mucho por este club, pero entiendo que para el vox populi general, a él también le gustaba cargar con ese personaje, porque lo agrandaba más. Mientras más polémica podía generar, eso lo divertía o lo agrandaba. Y como siempre ha querido meterse en esa discusión de los grandes y posicionar a Deportivo Español en esa mesa chica, él también se metía en esa mesa chica de grandes dirigentes, con Julio Grondona a la cabeza.

-Está claro que este Deportivo Español no es el mismo que vos conociste. ¿Cómo fuiste tomando cada uno de esos cambios?

-Yo tengo 37 años y soy socio desde que nací. Viví de chico, en mi niñez, preadolescencia y adolescencia, toda esa etapa. Llegar a las 8 de la mañana para poder reservar una mesa para comer un asado, cenas o almuerzos de más de mil personas, no había dónde dejar el auto. Era un club de más de 25 mil socios, que tocó récord en el año ’85. Todo eso lo viví y luego han venido los sucesivos problemas. Uno lo toma como adaptarse, adecuarse, querer al club por sobre todas esas cosas. Es como cuando uno acepta por esposo a alguien, “en la salud y en la enfermedad”, con arrugas o no, y el Deportivo Español para mí va a ser el mismo. No importa si hoy está compitiendo en la B Metropolitana con algún riesgo de descenso o si estuviera en Primera División. El escudo es el mismo, el sentimiento es el mismo. Vengo de familia de inmigrantes. Como para todo inmigrante, las palabras “luchar”, “progreso” y “tenacidad” venían marcadas en el diccionario. Es lo que yo intento pregonar en esta reconstrucción o reinvención del Deportivo Español. Mientras esa llama se mantenga viva, vamos a hacer todo lo posible para volverlo a llevar a esas épocas. No por casualidad el escudo tiene el rojo de la Selección Española y el celeste y el blanco de la Selección Argentina.

-¿Cómo fueron esos años, entre 2003 y 2007, en los que este predio estuvo cerrado?

-Fueron años durísimos, donde el club tuvo que alquilar acá a dos cuadras una sede que era una cancha de pádel con una canchita de papi fútbol y funcionar de la manera más prolija que se pudiera. Yo no quiero dejar de agradecer la actitud de Grondona, quien mantuvo por mérito deportivo el puesto de Español que en ese momento era Primera B y se lo respetó, tras la nueva creación del club que continuó a Deportivo Español tras la quiebra. Eso es muy loable porque le permitió seguir compitiendo, no lo hizo bajar de categoría. Y luego los directivos que estaban en ese momento han hecho magia, porque era poco el ingreso, era jugar de visitante todos los partidos, alquilar, porque esto estaba cerrado. También va mi reconocimiento para ellos que la han tenido difícil y pudieron lograr que el equipo no perdiera la categoría y que llegara hasta ese caminito final que fue la subasta que gana Corporación Sur en 2007. Uno, viéndolo hoy a la distancia, reconoce que ha sido casi quijotesco mantener al club con vida de esos cuatro años sin estructura edilicia, sin nada, con los jugadores juveniles como único patrimonio. Era el único activo que tenía el club.

-Ser presidente de Español debe ser una tarea bastante ingrata, ¿por qué la elegís?

-Yo siempre digo que los que amamos un club tenemos un sueño: cuando vos apoyás la cabeza en la almohada, querés meter un gol de cara a la tribuna local y subirte al alambrado. Quienes no lo pudimos lograr como futbolistas, porque no nos dio la técnica, la panza o lo que fuera, luego nos pasamos al plano dirigencial. Para mí es un orgullo. No te voy a mentir que alguna vez uno no dice “Dónde estoy metido”, pero rápidamente se me pasa eso. Cuando entro acá, cuando veo que acá hay bolsas de arena o de cemento de mis abuelos. Cuando veo que acá se han plantado árboles, cuando recuerdo andar por esa tribuna con mi abuelo de la mano, es el mejor antídoto de la depresión que te pueden generar los problemas cotidianos. Y ahí me levanto, me repongo, tomo fuerza y salgo disparado para seguir el día a día. Me baso en los recuerdos, en el mandato familiar y ya con eso me basta. Mis abuelos han sido socios fundadores y un poco es eso, basarme en las convicciones y en que uno le pone la garra donde fue feliz. Y yo acá fui feliz, y soy feliz. Toda mi niñez y adolescencia las viví acá adentro, entonces tengo que devolverle algo hoy, camino a los 40 años, al Deportivo Español.

-¿Cómo te imaginás el futuro del club?

-Sueño con recibir a River, con recibir a Racing, a Boca, a Independiente. Jugar a estadio lleno, ser tapa de los principales diarios del país, como lo fue Deportivo Español durante muchos años. Se me pone la piel de gallina. A quien lo vivió, ya no lo asusta, porque ya lo vivió. Por ahí la palabra “sueño” hasta está mal implementada, porque yo ya lo vi, ya lo viví. Yo ya estuve en una Bombonera repleta con 50 mil personas viendo como arruinábamos un campeonato, o cómo éramos subcampeones de Primera, o cómo jugábamos una copa internacional. Entonces, como viví eso, ya nadie me lo puede contar. Ahora me queda volver a llegar a eso. Esa experiencia de haberlo pasado es como mi luz para ir hacia ese objetivo, que va a ser dificilísimo, que va a tener un camino sinuoso, pero que no es imposible. Así como lo vivieron nuestros abuelos en los ’70, en los ’80, y se llegó, se puede volver a llegar. Con convicción, con esfuerzo, con trabajo, con gestión, con disciplina, con números claros y con prolijidad. Pero ya lo vivimos y quien pasó eso ya no lo sueña, sino que lo ve como una meta.

-¿Y cómo proyectás tu propio futuro dentro de 10 o 15 años?

-Más pelado no puedo estar (risas). Espero que con salud, que pueda tener un proceso y haber dejado algo. Que cuando se hable, se diga “hizo tal cosa”, “acomodó los números”, “pudo ascenderlo”, “pudo dejar alguna obra”. Espero que sea eso, uno trabaja para eso. Lo que sí, nadie que quiera a este club me va a decir “hicieron algo con mala intención”, porque antes de hacer algo con mala intención, me voy o me corto las manos. Después, como todo: el que hace se puede equivocar, pero siempre desde la buena voluntad. Espero que se me recuerde de esa manera y tener fuerzas para dejar al club ubicado en otra posición. Para no solamente llevarlo a la cima, sino mantenerlo en la cima. Es un caminito que recién arranca.