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La jerarquía volvió a aparecer: River y el peso de sus jugadores

La jerarquía volvió a aparecer: River y el peso de sus jugadores

Prensa River Plate

El Millonario sufrió el primer tiempo, pero gracias a un puñado de intervenciones individuales pudo llevarse los tres puntos en la noche de Liniers.

Una característica del River de Marcelo Gallardo durante casi todo su ciclo es que no hay figuras destacadas que lleven por completo las riendas del equipo. El Millonario, desde 2014 en adelante, pocas veces dependió de un solo futbolista para que lo rescatara: aún con puntos altos, se apoyó en el rendimiento colectivo para construir todos sus éxitos.

Este domingo, en el José Amalfitani, se vio en cambio algo que ya había ocurrido en algunos tramos de la última Copa Libertadores que terminó con el festejo en Madrid. Cuando no hay funcionamiento, cuando el rival es superior, a los del Muñeco todavía les queda una carta.

Vélez ahogó a River en el primer tiempo. Le anuló los circuitos, aisló a sus delanteros, complicó a sus defensores y hasta tuvo, de penal, la chance para ponerse en ventaja. Pero como les sucedió a la mayoría de los rivales coperos, no pudo con un Franco Armani que volvió a ser su mejor versión.

Entonces, con la confianza que llegó desde el arco, bastó con una asociación sencilla, de dos toques, entre Nicolás De La Cruz y Rafael Borré. Lo que al Fortín le había costado mucho trabajo, el Millonario lo hizo con la facilidad de un pestañeo. Y con la ventaja a su favor, recuperó la tranquilidad que lo convierte en un gran equipo.

Está claro que sufrir durante 45 minutos no es el ideal que pretende el entrenador. "Volvimos a ser un equipo difícil para todos", dijo, en la conferencia de prensa posterior al partido. Y la conclusión es acertada, porque a River es difícil convertirle cuando se lo domina y es difícil también evitar que te convierta incluso cuando no es absoluto dominador.

Seguramente Gallardo apuntalará lo necesario para que no se repita lo de la etapa inicial, sin embargo también sabe que, cuando las papas queman, puede contar con una atajada sobrenatural, una asistencia sacada de la galera o una definición cinco estrellas. Y con un equipo que, también desde sus individualidades, construye su fortaleza anímica para reponerse en la adversidad.