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RIVER-BOCA

River y Boca, dispuestos a no jugar la final del Bernabéu

Separados por una grieta cada vez más grande, Boca y River ya avisaron que plantearán batalla y el resultado es impredecible. No sólo por esta edición.

La final de la ya inolvidable e histórica Copa Libertadores 2018 no terminará en Madrid. Esto no quiere decir que no vaya a jugarse en el estadio Santiago Bernabéu, los escenarios cambian casi minuto a minuto y es imposible aventurar nada, pero los efectos de todo lo que está pasando en torno a este interminable Boca-River amenazan con mantener su onda expansiva mucho más allá del 9 de diciembre.

El anuncio oficial de Boca de contratar al estudio de abogados Pintó Ruiz & Del Valle, especializado en derecho deportivo, para ocuparse de llevar adelante “las apelaciones tanto ante la Cámara de Apelaciones de Conmebol como eventualmente ante el Tribunal Arbitral del Deporte”, tal como lo señala textualmente el club en un comunicado oficial, parece ser el primer cañonazo de una guerra a largo plazo. En el mismo documento, Boca se ocupa de ratificar “su decisión de agotar todas las vías y recursos tendientes a lograr que se haga justicia”.

Del otro lado, River se apresuró a anunciar que realizará “los planteos legales y las apelaciones pertinentes” en relación con el fallo de la Conmebol. Estiman en la entidad de Núñez que han salido perjudicados, que se les quita la localía por errores que no le competen sino por fallas admitidas por las autoridades encargadas de la seguridad en las afueras del estadio. Y por otro lado, que el hecho de tener que jugar la revancha en otro estadio y con público de ambos clubes altera el concepto de la igualdad de condiciones que esgrimió Boca para lograr la postergación del partido el domingo pasado.

En definitiva, los dos están diciendo lo mismo: “no estamos de acuerdo con la decisión de la Unidad Disciplinaria, no queremos jugar este partido en Madrid”. Ayer, cuando Alejandro Domínguez anunció las sanciones y su consecuencia más notable: el traslado de la final al Santiago Bernabéu, la impresión fue de cosa juzgada. La empresa IMG comenzó a trabajar para la venta las entradas, la logística de seguridad y organización se puso en marcha, tanto en Madrid como en Buenos Aires.

Al mismo tiempo, los hinchas hicieron sentir enseguida sus sensaciones de malestar y derrota. El hashtag #RenunciaAngelici se colocó rápidamente en el tercer puesto del ranking de Twitter manifestando el desencanto y la bronca de buena parte de la parcialidad xeneize por lo que percibieron como una “traición” de su presidente. Menos numeroso, pero igual de sonoro, el reclamo por tener que jugar fuera del Monumental y la pérdida del dinero invertido por abonados, socios e hinchas que compraron sus entradas se hizo escuchar en la otra vereda.

Conmebol, por su parte, pareció salir mejor parada del embrollo. Pese a que el hecho de tener que llevar la final a Madrid, y de un modo tácito declararse incapaz de organizar un partido de este tipo en el continente, lastimaba seriamente su prestigio; el fallo “salomónico” le permitía ganar aire y disimular un poco su lamentable papel.

Pero ahora el escenario vuelve a modificarse. Separados por una grieta cada vez más grande, Boca y River ya avisaron que plantearán batalla hasta el final y el resultado es impredecible. No solo por lo que pueda pasar con esta edición de la Libertadores sino en el futuro.

La idea de una Liga Sudamericana anual, disputada por los más grandes del continente por fuera del ámbito de la Conmebol, está latente desde hace tiempo. El actual conflicto puede acelerar su organización. El descontento con los manejos de la entidad con sede en Paraguay es creciente en muchos puntos del continente, y no hay líderes más potentes para una revolución que River y Boca, incluso aunque estén enfrentados entre sí.

La guerra contra la Conmebol está a punto de ser declarada. El desenlace de la Libertadores 2018 sigue estando en el aire…