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MUNDIAL DE RUSIA 2018

Sudamérica no gana: al fútbol ya le afecta la desigualdad

Sudamérica no gana: al fútbol ya le afecta la desigualdad

Toru Hanai

REUTERS

El Mundial de Rusia ha desnudado muchas verdades del fútbol actual, en el que Europa es el epicentro y lo colectivo se impone a la genialidad.

Francia y Croacia esperan impacientes una final inesperada, por los descalabros de las favoritas y el hundimiento de Sudamérica en el Mundial. La tradición siempre sitúa a Brasil y Argentina como mínimo en una semifinal, y habla de la pasión latina venciendo al aburrimiento occidental. Sin embargo, Rusia ha supuesto un punto de inflexión para las crónicas pasadas. El talento innato de los sudamericanos no ha sido capaz ante las estructuras europeas, ordenadas como en un juego de mesa e inalcanzables a balón parado. 

Ladislao J. Moñino reunió hace una semana en un texto para "El País" un puñado de opiniones de referencia sobre el tema. Ante la frustración de Messi y el caos de la Albiceleste de Sampaoli, sin valentía ni mimbres, Valdano comentaba que el problema en Argentina es multiorgánico: violencia, desorganización, falta de medios económicos, obsesión por ganar y abandono por el juego. Tostão, uno de los líderes de la Brasil del 70, advierte que la "canarinha" ya no es el país del fútbol alegre y la samba, y que las selecciones sudamericanas, salvo varios nombres, llevan a muchos jugadores de nivel intermedio. 

Del año 1986 al 2002, cuando el fútbol no era tan físico ni tan preparado, o Brasil o Argentina llegaban a todas las finales de cada edición mundialista, elevando su preponderancia. Sin embargo, del 2002 al 2018, ninguna selección sudamericana ha logrado alzarse con el Mundial. Y solo Argentina, en 2014, alcanzó una final. 

Pancho Maturana y Mauro Silva ahondan más en el bajón del fútbol sudamericano, y se decantan por razones puramente sociales. Los niños se fijan en los futbolistas que salen a Europa para ser millonarios, no en salir a jugar a la calle. Y así el talento sudamericano se queda sin naturalidad. Además, las calles se van perdiendo por la violencia, señala Mauro Silva. 

Traspasos como los de Neymar, Lucas Moura, Gago o Higuaín tendrían que haber reducido la desigualdad entre Sudamérica y Europa, y sentar una base con la que operar. Pero la corrupción asola incluso con más fuerza los rincones de mayor pobreza. Y un buen ejemplo de ello es la Conmebol, protagonista principal del FIFAgate. 

Así, la desigualdad se estira y el fútbol arroja sin escrúpulos sus resultados. Los jugadores sudamericanos quieren salir cuanto antes de las ligas nacionales, en las que cobran menos y sufren más, lo que deja a sus equipos sin opciones. Las ligas sudamericanas no cuentan apenas con futbolistas en edad de triunfo (de 24 a 27 años), y mantienen a jugadores muy jóvenes a punto de explotar o a veteranos que vuelven para poderse retirar. 

En Sudamérica hay menos dinero que en Europa. Menos escuelas de fútbol, infraestructuras y personal cualificado. Mientras que en Francia preparan en las mejores condiciones a talentos que provienen de todo el mundo. Porque el talento en el fútbol, como dice la leyenda, viene de los lugares pobres. Mbappé, de madre argelina y padre camerunés, combina sus condiciones físicas innatas con una formación portentosa, totalmente occidental. Al joven Kylian le enseñaron a ganar de una manera profesional. En Brasil y Argentina, esa educación no se da. Y a Neymar, el producto sudamericano más brillante de los últimos tiempos, se le resiste el profesionalismo de ganar. Mientras que Messi lo tuvo que aprender en Barcelona.

Rusia ha evidenciado que en el fútbol actual el genio es tan importante como la formación profesional. Aunque Sudamérica sigue contando con un factor diferencial: el regate y la esencia por jugar. Pero si se dejan abandonar las calles, se despreocupan por sus escuelas y solo lanzan futbolistas con ansias de abandonar sus ligas, seguirán perdiendo. Washington Tabárez y Ricardo Gareca, los líderes de Uruguay y Perú, las selecciones sudamericanas más reforzadas tras el Mundial, repiten en su discurso la necesidad de formar. Será por casualidad. Porque en el fútbol ya se aprecia la desigualdad. 

 

 

 

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