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Los motivos que precipitaron la marcha de Sampaoli

Los motivos que precipitaron la marcha de Sampaoli

DYLAN MARTINEZ

REUTERS

El ciclo de Sampaoli está acabado. Sus pobres discursos, la falta de autocrítica, la traición a su idea futbolística y la ruptura con su cuerpo técnico, los motivos.

"Más allá del dolor hay que tener temple. El hecho de estar acá, de elegir el lugar donde quise estar no me hace evaluar". Estas eran las palabras de Jorge Sampaoli minutos después de perder contra Francia por octavos de final del Mundial de Rusia a la pregunta de si debía dar un paso al costado y abandonar su puesto como director técnico de la Selección Argentina.

Finalmente, Sampaoli fue destituido. Son muchas las razones para llegar a una conclusión drástica en un momento en el que, tras la eliminación de un Mundial y con un entrenador con poco recorrido en el cargo, se debería optar por una opción continuista (como marca su contrato, hasta fin del Mundial 2022).

El intento de la AFA por llegar a un acuerdo

Claudio Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino intentó por todos los medios que Sampaoli entienda que tiene que dar un paso al costado. Se puede decir que está siguiendo la misma técnica usada en su día con Bauza, que después de las presiones recibidas se fue por su propio pie de la Selección. La razón es clara: 20 millones de dólares. En el contrato de Sampaoli estaba escrito que solo a partir de 2019 (post Copa América) se puede romper de forma unilateral. La AFA era consciente de que ese monto era inasumible para las arcas del organismo. Finalmente, su política fue forzarle a abandonar el cargo de forma voluntaria.

La ruptura con el cuerpo técnico y sus ganas de seguir

Es un secreto a voces que su relación con Sebastián Beccacece, su mano derecha, se rompió. La situación se volvió irrecuperable y se torció durante el transcurso del Mundial. En la AFA pensaban que si todo el cuerpo técnico llegó junto y tuvo todas las facilidades para trabajar, se tiene que ir de la misma manera.

A pesar de ello, Jorge Sampaoli tenia ganas de seguir y así se lo hizo saber a la cúpula mayor de la AFA, encabezada por Tapia y Angelici. "Esta frustración me fortalecerá como entrenador desde la experiencia y el aprendizaje de un montón de situaciones" declaraba en la conferencia de prensa posterior a la eliminación.

Traición a su idea futbolística

Jorge Sampaoli se traicionó futbolísticamente hablando. Desde el primer día llegó con una idea para mostrar, una idea que había mostrado en sus anteriores cargos como en la selección chilena y no la pudo cumplir. "Yo venía con mucha ilusión al lugar donde estoy, con muchas ganas de que Argentina estuviera lo más arriba posible con una idea futbolística. Me ilusionaba mucho tratar de promover esa idea. La verdad es que siempre tuve esa ilusión incluso antes del partido de hoy”. Pero eso siempre fue un discurso más para la galería que para el vestuario, que nunca pudo adaptarse a lo que el técnico pedía. Es verdad que los momentos, los tiempos y las situaciones no eran las propicias para ello, pero a pesar de todo, la idea futbolística que tanto pregonaba Sampaoli nunca fue clara.

Los cambios durante el ciclo

Cambios en los esquemas de juego sin ningún sentido y en momentos inoportunos, convocatorias de jugadores y su posterior desaparición de las listas, elección de jugadores equivocados para momentos difíciles. Estas son algunas de las razones por las que se debería interpretar que el ciclo está cumplido.

Desde su inicio, allá por julio de 2017, la idea era clara: quería potenciar un equipo con 3 defensores y la dupla Messi-Dybala atrás del delantero. El 3-4-2-1 parecía un esquema propicio para potenciar a las estrellas del FC Barcelona y la Juventus de Turín, dos de los mejores jugadores del mundo. Este sistema se le ganó a Brasil y a Singapur en sendos amistosos, lo que hizo que Sampaoli probase la dupla en un importante partido en Montevideo y el siguiente contra Venezuela por Eliminatorias, los dos primeros partidos oficiales del ciclo, trascendentales para el devenir del equipo.

La primera idea de Sampaoli no funcionó: Dybala y Messi no pudieron congeniar bien, el equipo no jugó como se esperaba, fueron partidos cerrados y complicados, sobre todo contra Uruguay en el Centenario. Se esperaba que contra Venezuela los dos se soltasen pero eso no ocurrió y las primeras críticas llegaron. Además, las palabras de Dybala diciendo que era complicado jugar con Messi, dinamitaron todo.

Tras empatar ambos partidos llegaba Perú a La Bombonera en la fecha definitiva para ir o no al Mundial. En ese partido Sampaoli opta por la línea de 4 defensiva y cambia por primera vez el esquema, viendo que los resultados no fueron los esperados durante los anteriores. Argentina no consigue pasar del empate nuevamente y se juega la vida en Quito, donde también opta por defensa de 4. En Ecuador gana el primer partido oficial del ciclo con un Messi pletórico y una selección local que tenía muchas bajas. El objetivo, entrar en el Mundial, estaba conseguido, pero las dudas eran muchas.

Llegaban los amistosos de noviembre (contra Rusia y Nigeria) y marzo (Italia y España) y, con ellos, más cambios. La línea de 3 iba y venía, de manera intermitente. Los problemas defensivos y de juego eran evidentes, Argentina quería hacer cosas que no podía por motivos claros (falta de jugadores para ese sistema y poco tiempo). Una victoria pobre contra Rusia, una derrota devastadora contra Nigeria y una humillación contra España fue el balance de las dos giras europeas. Las pruebas para ir a Rusia con algo de tranquilidad no estaban funcionando y no había indicios de que pudieran cambiar.

Durante los partidos oficiales y no oficiales en la Selección, Jorge Sampaoli usó 15 formaciones distintas en 15 partidos jugados, nunca repitió el mismo once titular. 59 jugadores fueron convocados, algunos sin disputar minutos y 20 tuvieron su debut en la albiceleste. Todos estos números muestran que no hay una idea clara y eso se vio de manera clara durante los cuatro partidos disputados en el Mundial.

El caos del Mundial de Rusia

Argentina comenzaba el Mundial de Rusia contra Islandia, una selección con un estilo de juego definido claramente, que se replegaba y salía a la contra. Ante eso, Sampaoli opta por la dupla Mascherano-Biglia durante más de una hora en el mediocampo, lo que resulta ser un desastre. Una pareja que con él no había actuado nunca. Mascherano para él durante el proceso hasta Rusia estaba marcado como defensa central, pero las cosas habían cambiado. Lo Celso, dueño de esa posición en la gran mayoría de amistosos previos y gran ausencia de ese partido, se despediría de Rusia sin jugar ningún minuto. Algo totalmente inexplicable.

Llegaba el segundo partido del grupo contra Croacia, en un partido que se antojaba definitorio y el resultado no pudo ser peor. Argentina perdía 3-0 y no solo el resultado era un drama, las sensaciones eran peores. Enzo Pérez, fuera de la lista de 23 en un principio, era titular en ese partido. Más allá de las características del jugador de River, es inexplicable como un entrenador pasa de prescindir de un jugador en una lista tan amplia a tenerlo como titular en el partido más importante.

Sampaoli vuelve a cambiar el esquema de juego, pasa a línea de tres centrales con dos carrileros (Salvio y Acuña). Argentina no sabe qué hacer, si ir hacia arriba o esperar a Croacia, no tiene nada ensayado, es un caos futbolístico solo sostenido por las ganas de los futbolistas. Y, cuando parece que nada puede ir peor, llega un error desafortunado de Caballero que hace tambalear los flojos cimientos que existían.

Argentina se planta en el tercer partido de grupo teniendo que ganar a una Nigeria que venía con la moral por las nubes y, además, dependiendo de otro resultado. Sampaoli se decide por volver a la línea de cuatro, cambiando de nuevo el esquema inicial. Higuaín es el 9, sustituyendo al Kun Agüero y da entrada a Banega en el medio del campo. La historia ya sabemos cómo termina, con el héroe inesperado en nombre de Marcos Rojo y una clasificación agónica.

Francia era el rival en octavos de final y las cosas parecían claras: el equipo de Deschamps se siente cómodo esperando para salir a la contra, con jugadores veloces en todas las líneas y sin ningún tipo de problemas en estar replegados. Argentina carece en defensa de velocidad y orden, por lo tanto había que intentar defender esas contras de alguna manera simple: hay que darle la pelota a Francia y esperar, algo que Argentina no hizo y sufrió.

Parecía que Sampaoli no había preparado el partido y en la única modificación que hizo, falló: poner a Messi de falso 9 y quitar una referencia en ataque. Argentina nunca se sintió cómoda sin una referencia, Pavón y Di María quedaban muy lejos de todo y no tenían nadie con quién apoyarse cuando miraban para adelante. Messi no podía conectar con nadie, tenía que volver y para colmo, tenía un entramado defensivo preparado por y para él, pendientes de cada movimiento suyo.

Durante el partido el técnico tampoco supo reaccionar de manera adecuada. Con la ventaja tras el gol de Mercado el equipo no supo bajar un cambio y enfriar un poco el partido. Siguió en la vorágine que quiso proponer Francia para empatar. Ningún cambio, ninguna indicación, se perdía una oportunidad importante.

Por último, cuando Argentina necesitaba dos goles, el cambio fue meter a Meza en lugar de a Dybala o Higuaín. Argentina no se puede dar el lujo de terminar un partido de esa envergadura sin dos jugadores acostumbrados a jugar en momentos complicados con sus clubes, por muy bien que haya actuado el jugador de Independiente en determinados momentos. Esas situaciones son para jugadores con experiencia internacional.

La falta de autocrítica y la necesidad de un proyecto

A Sampaoli no se le escuchó hacer autocrítica en ningún momento. Su discurso, en muchos casos sin fundamento y sin ningún contenido, muestra que no tiene claro sus conceptos, un discurso en el que intenta no mostrar de verdad que uno de los culpables es él. Eso es algo que un director técnico no puede mostrar, no puede dar la sensación de fragilidad, ni en privado ante sus jugadores ni en público ante los medios de comunicación. Y Sampaoli esa sensación la ha mostrado, tanto públicamente con sus declaraciones, como de manera interior con sus decisiones.

Es cierto que la AFA necesita un proyecto a largo plazo, una renovación clara, desde las inferiores hasta la selección mayor, pasando por la dirigencia y otras secciones. Es un proceso largo, que precisa de tiempo y de nombres propios. Pero seguro, esa cara visible para dirigir a una nueva generación de futbolistas, no debe ser la de Jorge Sampaoli. Tuvo un año para demostrar sus virtudes, más allá de los resultados y no lo aprovechó.

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