Una grata 'canallada'

ROSARIO

Una grata 'canallada'

Una grata 'canallada'

En un puñado de partidos, Rosario Central ha pasado de constar en el pelotón de abajo a entreverarse con los aspirantes a cupos internacionales.

En un puñado de partidos, Rosario Central ha pasado de constar en el pelotón de abajo a entreverarse con los aspirantes a cupos internacionales y va de más a más de la mano de un director técnico fuera de catálogo, Leonardo Fernández, que sin desdeñar a los jugadores formados en otras geografías apuesta fuerte por el piberío de la fragua de Granadero Baigorria.

De carrera breve y poco relevante con los pantalones cortos (una lesión de rodilla forzó su retiro a los 28 años), Fernández había sabido crecer peldaño a peldaño como un entrenador respetado sobremanera en clubes sin mayor prensa ni neones, tales como Renato Cesarini, Tiro Federal, Belgrano de Oliveros y algunos de las ligas de Casilda y de Coronel Aguirre.

A Central llegó recién en 2013, destacó al mando de una sexta campeona, de cuarta, de Reserva, armó un gran equipo que arrasó en la Copa Santa Fe y dio el gran salto primero hacia finales de 2016 y después en 2017, esto es, antes y después del ciclo del uruguayo Paolo Montero.

Sea por un elemental entendimiento de su rol, sea por el inestimable valor de la capacidad de llegada a los jugadores, Fernández propició un click en un santiamén traducido en resultados positivos y así fue que de un interino como tantos devino entrenador querible, inamovible.

Y ahí anda hoy Central, que tras ganar 3-2 a Huracán en Parque Patricios y aplastar a Olimpo en el Gigante de Arroyito ha saltado a un puesto 15 expectante, a nada más que cuatro puntos de un lugar en la Libertadores 2019.

Y tal confortable escenario con una veintena de jugadores formados en el club, que van desde el dinosaurio Paulo Ferrari de 36, pasando por el maduro Pachi Carrizo de 26, hasta llegar a joya adolescente de Maxi Lovera, una ardilla que gambetea, pasa la pelota y no se le caen los anillos si le toca bajar.

En el medio campo también sobresale el flamante y crocante Andrés Lioi, iniciado en Renato Cesarini y crecido y formado en Granadero Baigorria.

Lioi se mueve con oficio de veterano y define con pericia de fuori clase.  Es cierto que la historia del fútbol abunda en golondrinas de un verano, pero esa certeza no cancela que aludamos a un futbolista de enormes condiciones para moverse en una zona, la del medio campo, donde Central puede ufanarse de un sembrado de lo más fecundo.

Salgamos del acreditado y laureado Angelito Di María (de flamantes 30 abriles), pongamos la lupa un poco más acá, en el lustro último, y encontraremos nombres como Nery Domínguez (clase 90, hoy en Racing de Avellaneda), Walter Montoya (clase 93, Cruz Azul de México), Franco Cervi (clase 94, figura del Benfica de Portugal, donde acumula una docena de goles y 16 asistencias) y Giovani Lo Celso (clase 96), que pese a que viene de jugar un mal partido contra el Real Madrid se ha ganado un lugar de respeto en uno de los planetas más lujosos del planeta, el de París Saint-Germain.

Pero si misteriosos son los caminos de la vida y misteriosos los del fútbol en sí, no deja de tener esa aureola, sin dejar de subrayar el metódico y productivo trabajo al que aludimos, la persistencia con la que década a década de Rosario Central han surgido arqueros buenos, o muy buenos, algunos inclusos cercanos a la excelencia.

Por mero orden de aparición, entre varios José Poi y Héctor Ricardo en los 40, Edgardo Andrada y Daniel Carnevali en los 60, Carlos Munutti y Ricardo Ferrero en los 70, y desde entonces Héctor Zelada (integrante del plantel de Argentina ganadora de la Copa del Mundo de México 86), Tito Bonano, Roberto Abbondanzieri, el Rifle Castellano, José María Buljubasich, Cristian Campestrini, Juan Marcelo Ojeda, Cristian Alvarez, Jorge Broun…

Y ahora mismo el muchacho de Pergamino, Jeremías Ledesma, que más allá de alguna que otra actuación desafortunada, con flamantes 25 años expresa una madurez que se corresponde con los indicadores primordiales de todo buen guardavalla que se precie de tal: ubicación, determinación, fuerza de piernas, reflejos, llenado de arco.

Brilla Ledesma y ya consta en unas cuantas carpetas de posibles compradores, mientras esperan su turno otros dos arqueros hijos de la casa, Emilio Di Fulvio y el cordobés Marcelo Miño, con participación en la Selección Nacional Sub 20, en un contexto, en el de La Academa rosarina, donde los pibes crecen de golpe, contribuyen, enriquecen la causa de un Central y alumbran la siempre compleja frontera del presente y del futuro.

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