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"Me dijeron que en Calvià había un genio y allí estaba Asensio"

REAL MADRID

"Me dijeron que en Calvià había un genio y allí estaba Asensio"

Marco Asensio.

JAVIER BARBANCHO

REUTERS

Carlos Sureda, descubridor de Marco Asensio, cuenta en un reportaje para AS Color cómo quedó prendado del jugador.

La pausa. Frenarse y observar rodeado de acelerados niños que le dan patadas a un balón sin orden ni criterio. Detenerse y engañar con un gesto, controlar el espacio y el tiempo como si fuera él mismo quien lo dibujara. En eso se fijó Carlos Sureda, ahora director formativo del Real Mallorca pero en 2004 entrenador del Sòller, cuando vio por primera vez jugar a fútbol a un "enano" llamado Marco Asensio de ocho años. Marcaba goles como churros, lanzaba córners directos, sorteaba rivales con la misma facilidad con la que un niño esquiva las piedras del camino y, además, siempre encontraba tiempo para hacer esa pausa. "Fue algo atípico. El 90 por ciento de ese talento es innato. Eso no se enseña a esas edades, era su código genético el que le ayudó a desarrollar rápidamente ese entendimiento del juego. De la misma forma que hay niños que distinguen las notas musicales, Marco poseía ya un control sobre los espacios y sobre el juego fuera de lo común", comentó Sureda.

El talento siempre ha estado atado a la genética por un lazo controvertido pero irrompible. ¿El genio nace o se hace? "Tengo varios colaboradores por España y mi consigna es que busquen chicos diferentes, genios del fútbol. Me ha dado buenos resultados a lo largo de estos años. En 2005, me llamó el compañero de Mallorca y me dijo que en Calvià había uno de esos. Automáticamente, me comuniqué con el coordinador del fútbol base del Espanyol por aquel entonces, José Manuel Casanova, a quien le pedí si podía llevar a Marco cinco días a Barcelona para medirse a jugadores de nivel. Y así fue. Se alojó en la residencia del Espanyol en la calle Gran de Gracia e iba a los entrenamientos a Sant Adrià. Estuvo esos cinco días y maravilló a todos. Con nueve años, jugaba con chicos de diez y once", relata Horacio Gaggioli, actual representante de Asensio y una de las sólidas patas que ha colaborado en la formación del futbolista.

Estas dos personas y estas dos historias cimentaron la carrera del mallorquín. Hijo de Gilberto y de Maria Ghertrudia, un vasco de Barakaldo que llegó a jugar en Segunda B y una mujer holandesa que daba clases de español a los turistas de la isla, Asensio nació en Calvià el 21 de enero de 1996. Su historia estuvo ligada a un balón incluso antes de nacer. Sus padres escogieron ese nombre por Marco van Basten, una metáfora de su relación: padre futbolero, madre holandesa. Ese mestizaje, unido a dos personalidades muy marcadas, propició que a Marco le inculcaran unos valores que han arraigado como raíces profundas en su personalidad y que le han acompañado durante estos años. "Siempre fue un buen estudiante, nunca tuvo problemas en ese aspecto. Es un chico que se comporta igual que cuando lo conocí. Es cariñoso, agradable, sencillo y entrañable. El trabajo que han realizado sus padres es espectacular", deslizó Gaggioli, amigo, además, de la familia. “La madre era muy risueña, una chica alta y rubia. Una mujer con valores en el deporte. Su padre le transmitió a Marco las leyes de la meritocracia: gánate las cosas, estudia, porque todo eso ayuda a que sea más feliz. Es un padre atípico", afirmó Sureda, quien mantiene contacto aún con la familia. Marco aprovechó también el carácter europeo y abierto de sus padres: habla castellano, catalán, inglés y holandés.

Marco Asensio celebra su primer gol en Segunda División, marcado al Tenerife el 16 de marzo de 2014.

Infancia

Su día a día no distaba demasiado del de cualquier niño. Su padre trabajaba como encargado en una gran superficie de Eroski, mientras que su madre compaginaba la docencia con la educación de Marco y de su hermano Igor. Además del fútbol, a Asensio le dio por el tenis, otra pasión que practica habitualmente. "Lo he sufrido en carne propia. Es un grandísimo jugador. Le encanta. Si se hubiera dedicado, seguro que habría llegado también por sus condiciones. Le encanta Nadal, es admirador suyo, tanto como tenista como persona", comentó Gaggoli. Pero el fútbol era lo que realmente le apasionaba. Simpatizaba por el Real Madrid. "Cuando íbamos de concentraciones, siempre escogía al Madrid en la Play", recuerda Sureda.

La vida le comenzó a cambiar a Marco con apenas 11 años, después de aquella prueba en el Espanyol que le sirvió para darse cuenta de su verdadero nivel. Meses después, el Mallorca picó a su puerta. El niño ya había llamado la atención de exjugadores del equipo bermellón, incluso de sus épocas más doradas, que no querían perder la oportunidad de ver a esta perla. Uno de ellos, Dejan Stankovic, quedó prendado desde el primer día, como cuentan desde la entidad balear. "Visto con perspectiva —relata Sureda— nos equivocamos cuando llegó al Mallorca. Tenía 11 años y, como era tan bueno, lo pusimos a jugar con niños de 13 y 14. Fue un error, porque hubo momentos de dificultad. Tenía que haber estado con sus amigos y disfrutar más de esa categoría". Gaggoli considera clave haberse formado íntegramente en un club español y no haber caído en tentaciones. "Es imposible encontrar fuera de España una formación futbolística igual. No solo el Barcelona trabaja muy bien a sus jugadores, la mayoría de clubes hacen méritos parecidos. Nosotros siempre tuvimos la idea de que se quedara en Mallorca y su padre coincidió. No caímos en ofertas, como cuando, con 15 años, le vinieron a buscar equipos de la Premier". Hay otro aspecto clave. El Mallorca, siendo previsor y como excepción en su historia de la cantera, firmó con Asensio un contrato en el que al jugador se le pagaba (hasta los 16 años) una cantidad económica superior a las habituales ayudas a los menores. En Mallorca no querían que se le pasara por la cabeza dejar la entidad.

El tiempo fue pasando y Marco se estaba transformando en un diamante en bruto. Pero no todo le fue de color de rosa. "Marco tuvo un problema físico. Se desarrolló muy tarde y tuvo inconvenientes, sobre todo cuando era cadete (15 años). No destacaba tanto como sabíamos qué podía hacerlo, por culpa de sus piernas. No le alcanzaban para marcar la diferencia. Era inteligente, lo veía todo fácil y estaba dotado de un nivel técnico increíble, pero era un enano", expone Sureda. En ese año de cadete, Asensio apenas jugó aquejado de una enfermedad habitual en adolescentes que practican deportes, como es la Osgood Schlatter. Esta dolencia afecta a las rodillas, que se inflaman debido al crecimiento e impiden que el jugador pueda desarrollar de forma óptima su actividad física. A esta dolencia, se le sumó un contratiempo todavía mayor, un golpe duro en su vida.

Su madre falleció debido a un cáncer. "Fue un golpe para toda la familia. Fue una mujer extraordinaria. Viendo lo que ha dejado en sus hijos uno se puede dar cuenta de qué tipo de persona era", relata Gaggioli. Con una madurez inaudita, Asensio siguió arropado por su padre y su hermano, inseparables. Decidió que sus goles tendrían una única dedicatoria, la de su madre, y logró tirar adelante. Su explosión está a punto de producirse en el momento más débil de su vida de adolescente.

Marco Asensio besa el trofeo de campeón de Europa Sub-19 que conquistó con España en 2015.

Explosión

"Con 16 años pasó a ser un jugador muy diferente. Como yo suelo decir, es de estos que tienen gasolina para un avión. Ya empezó a destacar a nivel físico y es en ese momento cuando nos dimos cuenta de que ya tiene la cualidad que le faltaba. A partir de ahí, fue ya imparable", recuerda Sureda, quien lo entrenó durante tres campañas en el Mallorca: "En ese momento, él estaba estudiando primero de bachillerato, pero nos vimos obligados a hablar con el padre porque su carrera apuntaba ya al primer equipo. Lo subimos al División de Honor, se fue luego al filial pero duró diez entrenamientos y ya ascendió con los mayores. ¡No nos dio tiempo ni a actualizarle el contrato!".

Sureda nunca olvidará cómo fue la presentación al mundo profesional de Asensio, con apenas 16 años. "La selección Sub-16 de Baleares jugó un torneo y también estaba la selección de Madrid Sub-18, en la que jugaba Óliver Torres, el mejor futbolista a esa edad, ya conocido mediáticamente. En la grada estaba el seleccionador Luis Milla. Ese día, Marco cogió dos balones y todos alucinaron. ¿Quién es ese chico? La bola comenzó a crecer y no le pararon de llamar representantes, marcas deportivas, clubes...". Sureda se muestra rotundo. "En ese momento, y después de que comenzara a desarrollar un físico descomunal, empezamos a entender que su nivel era mayor del que creíamos".

El 27 de octubre de 2013, en el Nuevo Colombino de Huelva, Asensio debutó con apenas 17 años. Jugó los últimos seis minutos de un partido decepcionante para su equipo (3-1), pero comenzó a escribir su página como jugador profesional. Su estreno a tan corta edad no fue una sorpresa. "Los compañeros se percataron en el primer entrenamiento de que se trataba de un futbolista diferente. Ya me habían avisado en el fútbol base de que era su mayor apuesta, pero si tuviera que destacar de él algo, al margen de sus cualidades futbolísticas, son sus valores como persona", recuerda habitualmente José Luis Oltra, el técnico que lo hizo debutar. "Ahora me arrepiento de no haberle dado más minutos esa campaña, ya que quise ir poco a poco con él porque ya sabemos la presión que se puede generar con depende qué comentarios".

Asensio, con la Duodécima en Cardiff.

Esa campaña consiguió jugar 20 partidos en Segunda A, marcando un gol y dando una asistencia. El siguiente paso hacia su consagración lo dio el curso 2014-15, con Valery Karpin en el banquillo. Asensio disputó 36 partidos, marcó seis goles y dio ocho asistencias. Fue el líder del conjunto bermellón y se convirtió en referente de la Selección Sub-19, con la que logró la Eurocopa. Su éxito le llevó al Real Madrid después de que el Barcelona fuese el primer equipo en interesarse pero, cuando la operación parecía cerrada, las condiciones que le pusieron al Mallorca frenaron la venta. El equipo de Florentino Pérez aprovechó el descuido y se la llevó pagando al contado alrededor de cinco millones.

En plenas negociaciones, tuvo lugar una reunión entre Carlo Ancelotti y el representante del futbolista. La frase del técnico italiano fue reveladora del talento de Asensio. "No os preocupéis en qué posición jugará o puede jugar. Los grandes futbolistas se adaptan a todas. Y Marco lo es". El Espanyol que estuvo picando piedra todo el verano, se llevó al mallorquín por delante de otras 27 ofertas del fútbol español y europeo, de conjuntos que incluso lucharían en Europa. La decisión de Gaggioli y el trabajo del conjunto perico dieron sus frutos, pero, por encima de todo, la falta de ínfulas de la familia y del jugador, conscientes de que todo tiene un proceso. "Todo padre quiere tener un hijo así. Cuando estaba ya en el primer equipo y nos cruzábamos, siempre hacia todo lo posible por saludarte", recuerda Sureda. "No es de extrañar ver a sus amigos de toda la vida visitándolo un fin de semana", añade Gaggioli: "Es un chico que se hacer querer y está muy integrado".

La historia de Marco es caprichosa y le tenía guardada una sorpresa. Diez años después, regresaría a aquella Ciudad Deportiva junto a Horacio Gaggioli, el mismo representante que lo llevó para comprobar que su ojeador en Mallorca tenía razón. Así comenzó la carrera meteórica en Primera. De eso han pasado ya dos campañas. Ahora ya nadie duda de que este jugador puede marcar una época. "Lo tiene todo", repiten. Es el elegido.


Reportaje publicado el 1 de diciembre de 2015 en el número 184 de AS Color.

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